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Dentro de las brisas que peinan los prados asturianos y de los vendavales que azotan sus montañas habita una de las familias de duendes más etéreas, mágicas y musicales del folclore del norte: los Ventolinos (o Ventolinos del Aire).
A diferencia de los duendes terrestres como el Trasgu o de los marinos como los Espumerus, los Ventolinos pertenecen por entero al reino de la atmósfera. Son los hermanos menores del temible Nuberu (el señor de las tormentas), pero mientras este encarna la violencia del cielo, los Ventolinos representan la sutileza, la gracia y el lado benévolo del viento.
¿Quiénes son los Ventolinos?
Los Ventolinos son duendecillos de un tamaño minúsculo, tan ligeros y sutiles que flotan en el aire de manera natural. El imaginario asturiano los describe como criaturas de una belleza extraordinaria y rasgos infantiles.
Su fisionomía mágica: Poseen unas alas transparentes y delicadas, similares a las de las libélulas o las mariposas, que agitan a una velocidad increíble.
Su vestimenta: Están envueltos en ropajes blanquecinos, plateados o de un azul tan pálido que se confunden fácilmente con los jirones de la niebla (la borrina) o los reflejos de la luz solar en el aire.
Mensajeros, músicos y guardianes del descanso
Los Ventolinos no son seres destructivos; al contrario, tienen un carácter tierno, compasivo y profundamente ligado a la poesía de lo invisible. Sus funciones en la mitología asturiana son tan hermosas como sutiles:
Los músicos del aire: Se dice que cuando el viento pasa entre las rendijas de las ventanas, las hojas de los robles o las cañas de los hórreos emitiendo un silbido dulce y armónico, no es el aire físico: son los Ventolinos cantando. Poseen unas voces increíblemente melodiosas con las que arrullan a los habitantes de las aldeas.
Traedores del sueño: Una de sus misiones más tiernas es aliviar el sufrimiento humano. Cuando una persona está enferma, un anciano no puede dormir o un niño pequeño llora en la cuna a causa del dolor, los Ventolinos entran silenciosamente por las ventanas abiertas. Con el suave aleteo de sus alas, refrescan las frentes febriles y esparcen un aire mágico que induce un sueño reparador y ahuyenta las pesadillas.
Los mensajeros del último suspiro: En las vertientes más líricas y místicas del mito, se creía que los Ventolinos eran los encargados de recoger los suspiros de los amantes lejanos para llevárselos a sus amados. Asimismo, en la tradición rural más antigua, se pensaba que cuando una persona buena fallecía en una cabaña de la montaña, los Ventolinos recogían tiernamente su último aliento y transportaban su alma de viaje hacia el más allá sobre ráfagas de aire suave.
Cómplices de las Xanes: En las mañanas de San Juan, cuando las bellas Xanes (ninfas de las fuentes) salen a lavar y tender sus finos hilos de oro y de lino, los Ventolinos acuden volando para soplar suavemente y ayudarlas a secar sus coladas mágicas.
El viento enfadado
Aunque son benévolos, los Ventolinos también tienen su orgullo. Si alguien los insulta, maldice al viento o intenta atraparlos, estos duendecillos se agrupan por centenares. Al batir sus alas al unísono, son capaces de levantar remolinos de polvo que ciegan los ojos de los caminantes, apagar las hogueras de los pastores o llevarse volando los sombreros y las pajas de los techos.
El significado antropológico: El aire que alivia
Desde una perspectiva psicológica y antropológica, la figura de los Ventolinos cumple una función reconfortante dentro de la cosmogonía asturiana. En una tierra donde el clima de montaña puede ser rudo y hostil, y donde el aislamiento rural acentuaba la melancolía, los Ventolinos humanizaban la soledad.
Eran la explicación mágica a esos momentos de paz inesperada: la brisa fresca que alivia al campesino en una tarde de siega sofocante, el silbido nocturno que en lugar de asustar invitaba al descanso, y la certeza de que incluso en el aire invisible había ojos bondadosos velando por el bienestar de los hogares.
Bable
Dientro de les brises que peñen los praos asturianos y de los bastiazos qu'azoten los sos montes habita una de les families de duendes más etérees, máxiques y musicales del folclor de nueso: los Ventolinos (o Ventolinos de l'Aire). A diferencia de los duendes de la tierra como el Trasgu o de los de la mar como los Espumerus, los Ventolinos pertenecen por entero al reinu de l'atmósfera, representando la sotileza, la gracia y la cara benévola del vientu frente al tarrecible Nuberu.
¿Quiénes son los Ventolinos?
Son duendiquinos d'un tamañu minúsculu, tan llixeros y sotiles que llexen nel aire. Tienen unes ales tresparentes y delicaes asemeyaes a les de les garmandiyes (llibélules) o les volapapines (mariposes), y envuelvense en ropes blanquines o plateaes que se confunden cola borrina.
Mensaxeros, músicos y guardianes del descansu
Tienen un calter tienru y caritativu:
Los músicos del aire: El silbido dulce del viento ente les ventanes o los hórreos son los Ventolinos cantando con voces melodioses.
Traedores del suañu: Entren silenciosamente peles ventanes pa refrescar les frentes febriles, traer un suañu reparador y axorizar les velees de los neños o enfermos.
Los mensaxeros del últimu sollutu: Recueyen los sollutos de los amigos llonxanos y el postreru aliendu de les persones bones pa llevales escontra l'otru mundu.
Cómplices de les Xanes: Ayuden a soplar y ensugar les colaes d'oru y llinu de les Xanes nes mañanes de San Xuan.
El vientu fadiáu
Si daquién los falta o intenta atrapalos, axúntense per cientos y, al bater les ales al unísonu, llevanten remolinos de polvu que cieguen a los caminantes o lleven los sombreros y el teito de les cabañes.
L'aire que sollivia
Representen el consuelu y la paz inesperada: la brisa fresca na siega sofocante o la certeza de que nel aire invisible hai güeyos bonos curiando pol nuesu bienestar.
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