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Retrato de Pedro José Pidal y Bernaldo de Quirós

PEDRO JOSÉ PIDAL Y BERNALDO DE QUIRÓS

Biografía y Figura Histórica

Pedro José Pidal y Bernaldo de Quirós (Somió, Gijón, 8 de mayo de 1869 – Gijón, 17 de noviembre de 1941), primer marqués de Villaviciosa de Asturias, fue una de las personalidades más polifacéticas y determinantes de la España de finales del siglo XIX y principios del XX. Aristócrata ilustrado, jurista, parlamentario, escritor combativo, deportista pionero y cazador experto, Pidal trascendió en la historia nacional como el gran padre del conservacionismo en España y como el legendario aperturista del alpinismo de dificultad en los Picos de Europa.

Hijo de Alejandro Pidal y Mon —destacado estadista, ministro y presidente del Congreso de los Diputados— y de María Ignacia Bernaldo de Quirós y González de Cienfuegos, marquesa de Camposagrado, Pedro Pidal creció en un ambiente de profunda tradición intelectual, política y humanística. Licenciado en Derecho por la Universidad Central de Madrid, canalizó su capacidad dialéctica e influencia social hacia la modernización de los espacios naturales y la protección del patrimonio paisajístico de España.

Ámbito / Faceta Hito Destacado Repercusión Histórica
Conservacionismo Promotor de la Ley de Parques Nacionales de 1916 Creación del P. N. de la Montaña de Covadonga (1918), primer parque protegido de España.
Alpinismo Primera ascensión al Picu Urriellu (1904) Apertura de la Cara Norte del Naranjo de Bulnes junto a Gregorio Pérez «El Cainejo».
Deporte Olímpico Medalla de Plata en Tiro al Pichón (1900) Juegos Olímpicos de París 1900 (hazaña deportiva de calibre internacional).
Labor Política Diputado y Senador vitalicio Defensa institucional de la educación, infraestructuras rurales y legislación ambiental.

Pionero del Conservacionismo: La Montaña de Covadonga

Influenciado por el movimiento conservacionista estadounidense de Yellowstone y los viajes formativos que realizó por Europa y América, Pedro Pidal comprendió precozmente la necesidad de salvaguardar los santuarios biológicos y paisajísticos de la industrialización desmedida. Como senador, presentó e impulsó con determinación la Ley de Parques Nacionales de 8 de diciembre de 1916, un texto legal pionero que situó a España a la vanguardia europea en protección ambiental.

En virtud de dicha ley, el 22 de julio de 1918 se declaró formalmente el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (actual Parque Nacional de los Picos de Europa), enmarcado en el centenario de la batalla de Covadonga. Pidal no solo concibió el parque como un refugio de fauna y flora (con especial celo en la conservación del rebeco cantábrico y el oso pardo), sino también como una fuente de desarrollo armónico para las poblaciones ganaderas locales y un centro de educación para el espíritu humano a través del contacto directo con la naturaleza virgen.

La Hazaña del Picu Urriellu (Naranjo de Bulnes)

El 5 de agosto de 1904, Pedro Pidal protagonizó junto al guía y pastor leonés Gregorio Pérez Demaría, conocido como «El Cainejo», uno de los episodios fundacionales del montañismo en la península ibérica: la primera ascensión histórica a la vertiente norte del Picu Urriellu (Naranjo de Bulnes). Una mole caliza vertical considerada inexpugnable por los escaladores europeos de la época.

Desprovistos de la tecnología moderna, empleando cuerdas rudimentarias de cáñamo, alpargatas de esparto y escalando tramos descalzos para lograr mayor adherencia sobre la roca caliza asturiana, Pidal y el Cainejo abrieron una vía de gran exigencia técnica que asombró a la comunidad internacional. Esta hazaña consolidó el respeto mutuo entre la aristocracia ilustrada y la sabiduría ancestral de los pastores de los Picos.

Pensamiento, Obra Escrita y Legado Eterno

Además de su trayectoria en las Cortes y en las altas cumbres, Pidal fue un prolífico articulista de prensa, tratadista de caza y ensayista político y filosófico. Entre sus publicaciones destacan obras como El Naranjo de Bulnes: Peña Santa, Política del sentido común, Filosofía de la vida secular, y numerosos tratados sobre caza mayor, disciplina en la que fue un consumado tirador y profundo conocedor de los hábitos del rebeco y el urogallo.

Tras su fallecimiento en 1941, sus restos fueron trasladados cumpliendo su última voluntad a las cumbres de los Picos de Europa. Desde entonces, reposa junto a su esposa en el Mirador de Ordiales, un sobrecogedor balcón natural suspendido sobre el valle de Angón en Covadonga, donde un epitafio esculpido en la roca resume la mística y devoción que profesó a la montaña asturiana durante toda su vida.