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El Malinu Imaginario Asturias

¿Quiénes son los Malinos?

 

Dentro de las sombras más densas de las fragas asturianas, allí donde la luz del sol nunca llega a tocar el suelo y la niebla se vuelve pesada y fría, habita la encarnación colectiva del terror, la enfermedad y la desgracia en el medio rural: los Malinos (o los Malos).

A diferencia de los Diabrecos, que conservan cierta forma física y rasgos individuales heredados de los duendes, los Malinos representan una fuerza mucho más abstracta, telúrica e insidiosa. No son criaturas con las que se pueda razonar, convivir o a las que se pueda engañar con astucia: son la personificación del mal puro y de la energía corrupta de la naturaleza en el imaginario asturiano.

Naturaleza y Morfología

Los Malinos raramente se presentan con una forma humana definida. Son concebidos en la tradición oral como espíritus de la oscuridad, sombras cambiantes o ráfagas de viento helado que portan la desgracia.

  • Los lugares de poder oscuro: No habitan en los hogares ni en los caminos transitados. Su reino son los lugares malditos o "apartados": las profundidades de las simas (les tsingues), las cuevas oscuras donde el agua se estanca, las encrucijadas de caminos a medianoche y los bosques más espesos y sombríos.

  • La contaminación del entorno: Se cree que la presencia de los Malinos corrompe físicamente el espacio que habitan. Las fuentes de agua donde se asientan se vuelven venenosas o causan locura, y la vegetación a su alrededor crece deforme, seca o espinosa.

La enfermedad invisible y el "daño"

La principal forma de actuar de los Malinos no es el susto físico o la broma pesada; su especialidad es el "daño" (el dañu) o el mal de ojo colectivo, proyectado tanto sobre los seres humanos como sobre su sustento:

  • El aire de los Malinos: En la Asturias rural, cuando una persona enfermaba repentinamente de forma inexplicable, sufría parálisis, delirios o caía en una profunda melancolía, se decía que le había dado el aire de los Malinos o que había "pisado tierra maldita". Bastaba con cruzar una encrucijada a deshoras para que estos espíritus se adhirieran a la sombra del caminante, consumiendo su energía vital.

  • La ruina de la casa: Los Malinos eran los culpables de las peores desgracias agrícolas y ganaderas: plagas repentinas que secaban las cosechas o epidemias misteriosas que diezmaban establos enteros.

  • Los fuegos fatuos y el engaño: En las noches cerradas, los Malinos se manifestaban en los cementerios o zonas pantanosas como luces pálidas flotantes para hipnotizar a los viajeros y atraerlos hacia barrancos o ciénagas.

El contrahechizo: Saludadores, herboristería y azabache

Al tratarse de una fuerza espiritual y maligna, los remedios tradicionales contra los Malinos eran complejos y sagrados. No bastaba con el agua bendita. Se recurría a los saludadores (curanderos tradicionales) para realizar limpiezas energéticas. Se sahumaban las cuadras y las casas con plantas protectoras como el lloréu (laurel bendito), el romeru y la salvia. Además, el uso de la figa de azabache asturiano colgada al cuello de los niños era el escudo indispensable para evitar que los Malinos les robaran el alma.

El significado antropológico: Dar nombre a la desgracia inevitable

Desde una perspectiva antropológica, la figura de los Malinos es una respuesta cultural al dolor, la enfermedad y la indefensión. En la Asturias de los siglos pasados, la medicina científica era inaccesible en las aldeas altas de montaña. Cuando la tuberculosis, la peste o los trastornos mentales golpeaban a una familia, el campesino precisaba una explicación que le permitiera accionar.

Decir que la enfermedad era causada por "los Malinos" humanizaba la tragedia, transformando el azar biológico o climático en un enemigo espiritual al que combatir a través de rituales, oraciones y medicina popular.


Bable

Dientro de les solombres más trupes de les viesques asturianes, ellí onde la lluz del sol nunca llega a tocar el suelu y la borrina se vuelve pesada y frío, habita la encarnación coleutiva del terror, la enfermedá y la desgracia nel mediu rural: los Malinos (o los Malos). A diferencia de los Diabrecos, los Malinos representen una fuercia muncho más astracto, telúrico ya insidioso: la personificación del mal puru y de la enerxía tullida de la naturaleza.

¿Quiénes son los Malinos?

Raramente se presenten con una forma humana definida; concebense como espíritus de la escuridá, solombres cambiantes o ráfagues de vientu xeláu. El so reinu son los llugares malditos: les fondures de les torques (les tsingues o espeledos), cueves escures, encruciyaes y montes avesíos, corrompiendo físicamente l'espaciu qu'habiten.

La enfermedá invisible y "el dañu"

La so especialidá ye el "dañu" o el mal de güeyu coleutivu:

  • L'aire de los Malinos: Cuando una persona carecía de secute con parálisis, delirios o murria, dicíase que-y diera l'aire de los Malinos tres cruciar una encruciyada a deshores.

  • La ruina de la casa: Culpables de plagues repentines que secaben les colleches o epidemies qu'acababen colos establos.

  • Los fueus fatuos: Lluces pálides nos campusantos qu'atrapen a los viaxeros p'hacia los derribaderos.

El contrafechizu: Saludaores, herboristería y acebache

Curábase acudiendo a los saludaores (curanderos), afumando cases y cuadras con lloréu, romeru y salvia, y protexendo a los neños con una figa d'acebache.

Significáu antropolóxicu

Ye una respuesta cultural al dolor y la enfermedá na Asturias tradicional. Al convertir l'azar d'una desgracia nun enemigu espiritual (los Malinos), el llabrador llograba una ferramienta d'aición y control al traviés de la fe y el ritual.

 

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