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Diabreco Mitologia Asturiana

¿Quiénes son los Diabrecos?

 

Dentro del vasto y complejo panteón del folclore asturiano, existe una categoría de seres que caminan en la difusa frontera entre el duende doméstico, el espíritu de la naturaleza y la entidad demoníaca asimilada por el cristianismo: los Diabrecos (o Diabrencos).

A diferencia del Trasgu, que busca la travesura inocente, o del Sumiciu, que juega con el olvido, los Diabrecos encarnan un caos mucho más impredecible, físico y, en ocasiones, de tintes oscuros. No son el Demonio mayor de las escrituras, sino "demonios menores" o duendes maliciosos que el imaginario rural asturiano adaptó para dar rostro a la mala fortuna, el miedo nocturno y las fuerzas ingobernables de la naturaleza.

El término Diabrecu fusiona las palabras "diablo" y "duende", lo que define perfectamente su naturaleza híbrida. Físicamente, la tradición oral los describe con una plasticidad cambiante y grotesca, alejada de la belleza de los Ventolinos o los Espumerus:

  • Su aspecto antropomorfo: Se les imagina como hombres diminutos, de piel oscura, rojiza o verdosa, rostros arrugados, ojos encendidos como brasas y, frecuentemente, con pequeños cuernos, rabo o patas de cabra.

  • El don de la metamorfosis: Su cualidad más peligrosa es su capacidad para cambiar de forma (tresmutase). Pueden transformarse en animales comunes —un gato negro, un perro cojo, un cabrito negro o un gallo que canta a deshoras— para engañar a los humanos, colarse en las casas o asustar a los viajeros en los caminos vecinales.

El engaño y la malevolencia doméstica

El Diabrecu no se conforma con esconder un dedal o desordenar las sartenes. Sus acciones tienen la intención clara de causar perjuicio, sembrar la discordia o infligir miedo:

  • El tormento del ganado: Una de sus mayores aficiones es entrar de noche en las cuadras (les cuadres) para agotar a las vacas y los caballos. Los montan salvajemente hasta dejarlos exhaustos y sudorosos, y trenzan de forma inextricable las crines de las caballerías; unas trenzas mágicas que los campesinos temían cortar por miedo a una maldición peor.

  • El engaño en los caminos: Al caer la noche (ente dos lluces), el Diabrecu suele apostarse en los senderos de montaña o cerca de los puentes. Puede manifestarse como un animal herido o un objeto de valor. Cuando el caminante compasivo o codicioso se acerca a recogerlo, la criatura estalla en una carcajada estridente y diabólica, desapareciendo en una ráfaga de viento con olor a azufre, dejando a la víctima aterrorizada y perdida en la oscuridad.

  • Pesadillas y opresión: En el ámbito del sueño, el Diabrecu se asemeja al mito de la Pesadiella. Se introduce en las habitaciones y se sienta sobre el pecho de los durmientes, generando una parálisis y una angustia asfixiante que impide gritar o despertar.

Cómo repeler al Diabrecu

Dado su vínculo con lo demoníaco, los métodos para librarse de un Diabrecu son mucho más severos que los usados con el Trasgu. No bastan las tareas imposibles ni los rezos al revés; se requiere el uso de elementos sagrados. El agua bendita, las ramas de laurel bendecido el Domingo de Ramos, los amuletos de azabache (higa o figa) y, sobre todo, la pronunciación de fórmulas imperativas de exorcismo popular en asturiano eran las únicas armas eficaces para expulsarlos del hogar.

El significado antropológico: El miedo a lo imprevisto

Desde una perspectiva antropológica e histórica, la figura de los Diabrecos es el resultado directo de la cristianización de los antiguos genios de la naturaleza (los numina paganos). Cuando la Iglesia Católica intentó extirpar las creencias en los duendes y espíritus del monte, no logró borrarlos, sino que los "demonizó". Los duendes del hogar que tenían un carácter más huraño o destructivo pasaron a llamarse Diabrecos.

Psicológicamente, servían para encarnar todo aquello que amenazaba la precaria economía y seguridad del campesino: la enfermedad repentina del ganado, la pérdida del rumbo en una noche de tormenta, los ruidos inexplicables en una casa vieja y los terrores nocturnos de la parálisis del sueño. Al ponerle el nombre de Diabrecu, el mal dejaba de ser una fuerza abstracta y se convertía en un enemigo físico al que, mediante la fe y el ritual, se le podía vencer.


ASTURIANO

Dientro del vastu y complexu panteón del folclor asturianu, esiste una categoría de seres que caminen na difusa frontera ente'l duende domésticu, l'espíritu de la naturaleza y la entidá demoniaca asimilada pol cristianismu: los Diabrecos (o Diabrencos). A diferencia del Trasgu, los Diabrecos encarnen un caos muncho más imprevistu, físicu y escuru, actuando como "demonios menores" que l'imaxinariu rural asturiano afixo pa da-y rostru a la mala fortuna y a les fuercies ingobernables de la naturaleza.

¿Quiénes son los Diabrecos?

El términu Diabrecu fusiona "diablu" y "duende". Descríbense como homes diminutos de piel escuro, acoloratao o verdoso, con cuernos, rabu o pates de cabra. La so cualidá más peligrosa ye la metamorfosis (tresmutase) en gatu prietu, perru coju o cabritu pa engañar a los humanos.

L'engañu y la malevolencia doméstica

Causen dañu y semen la discordia:

  • El tormentu del gao: Entren de nueche nes cuadres pa montar xabazmente a les vaques y caballos, dexándolos soraos y trenzando les clines de les caballeríes.

  • L'engañu nos caminos: Al caer la nueche (ente dos lluces), apóstense nos senderos como animales mancaos o oxetos de valor pa risión del viaxeru.

  • Velees y opresión: Meten se nes habitaciones pa sentase sobre'l pechu de los durmientes (la Pesadiella).

Cómo axorizar al Diabrecu

Riquese l'usu d'elementos sagraos: agua bendito, cañes de laurel bendicíu, amuletos d'acebache (higa o figa) y fórmules imperatives d'esconxuru popular.

Significáu antropolóxicu

Son la resultancia de la cristianización de los antiguos numina paganos. Sirvíen pa encarnar tou aquello qu'amenaciaba la seguridá del llabrador, convirtiendo l'abstracción del mal nun enemigu físicu venciible pola fe y el ritual.

 

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